El adjetivo ‘real’, en el contexto de sistemas de tiempo real, alude a la capacidad del sistema para reaccionar a eventos exógenos y estímulos asíncronos dentro de un plazo temporal acotado.
La evolución de los procesos computacionales internos es modulada dinámicamente por estas señales de entrada. Ejemplos de dichas señales incluyen la amplitud instantánea de un stream de audio, que puede funcionar como un parámetro de control directo; la intermitencia o pérdida de paquetes en un flujo de datos de red (como OSC o NDI), que introduce un comportamiento no determinista; o las variaciones de intensidad lumínica detectadas por un fotosensor, que se traducen en datos numéricos variables.
Estos fenómenos evidencian la arquitectura fundamental de entrada-proceso-salida (I/O), donde los operadores de entrada (Inputs) capturan datos del entorno, que son subsecuentemente procesados por una red de nodos para generar una salida (Output) coherente y reactiva.